Día 28 Para Hombres
Resulta que yo antes trabajaba en una multinacional con muchas oficinas y gerentes y jefes y telefonistas y cadetes y cajeros, y toda una variedad de esclavos odio-mi-vida-cuando-pueda-me-voy-a-la-mierda más.
Siendo así la cosa, ese lugar estaba, obviamente, lleno de mujeres. Totalmente lógico porque la empresa contrataba mujeres: igual trabajo, menor sueldo. Y siendo yo un tipo tan carismático, atractivo, sexy y encima de todo siempre teniendo razón, nunca faltaban el par de trolas que me querían pulir la perilla, una y otra vez. Sin embargo, con las otras, siempre reinaba una cordialidad que a ellas les servía para que la hora de trabajo se termine antes y que yo toleraba porque nunca se sabe a quien va a haber que pedirle plata o un pete en el futuro.
Por ejemplo, esta podría haber sido una conversación típica:
"Hola Armando Esteban, que tal tu fin de semana?"
"Pss" (expresión que podría significa “bien” o “que te importa!!!!”)
Sin embargo, cada tanto, la misma mujer relativamente soportable se convertía en esa bruja loca de mierda histérica inaguantable que todo hombre conoce tan bien si ha tenido madre, hermana, cocinera, novia, hija, amante de los miércoles a la noche después del fulbito, hámster hembra o cualquier otro ejemplar femenino en la vida.
Así eran las conversaciones:
Armando Esteban: “Me reenviás por favor el email del gerente según te acaba de decir tu jefe?”
Taradita de Turno: “Si, claro, todo yo, todo yo porque no te lo reenviás solo! Y correte de la ventana que me tapas la luz. Y seguro que fuiste vos el que me movió de lugar el Mousepad, me revienta eso! Y porque el telefono suena tan fuerte!!!! Antes no estaba así! Y encima el tarado de mi marido....” --> y sigue y sigue y sigue, pero nadie registra nada porque después de esa tortura el cerebro de un hombre se apaga y vuela automáticamente a, por ejemplo, el nuevo Honda Civic, que bueno que está, es japonés, nunca tuve un auto japonés, serán mejores que los autos yanquis? Serán realmente japoneses o los harán en brasil? Brasil.... mmmnnnn garooootas! --> “ya te lo reenvio al email, si tanto lo querés.”
El pobre hombre inexperto y con falta de vida, como son la gran mayoría, nunca entendieron ni entenderán estas reacciones. Escuchan la primera parte, piensan “malcogidas”, van al Honda Civic, y solo pescan el final de la conversación si tiene sentido, lo cual ocurre solo el 12,56% de las veces, con ligeras variaciones individuales.
Pero en cambio, los tipos copados, (que leen mi sitio), enseguida nos damos cuenta lo que está pasando. Lo que está ocurriendo aquí, sin ninguna duda, es que está transcurriendo el famoso:
¡¡¡¡¡¡¡día 28!!!!!!!
Esto es así: parece que a las mujeres tienen un ciclo hormonal. Nunca a ningún hombre le importaron mucho las hormonas de una mujer excepto aquellas que hacen que se caliente y quiera coger o tal vez cocinar, pero en este caso que nos afecta directamente creo que debería ser un estudio obligado de todo tipo que se precie de tal. Cuando sea presidente o emperador voy a cambiar el plan de estudio para agregar una materia que se llame: “Estudio Hormonal de la Mujer y Porque Se Ponen Tan Hinchapelotas: Teoría por Armando Esteban - Talleres Prácticos a Cargo De Las Alumnas ”. Podría ser una materia de cuarto año porque en tercero las pendejas son histéricas y boludonas todo el tiempo y en quinto nadie está prestando atención a los viejos pelotudos de los profesores sino que están pensando con quien van a intentar encamarse en el viaje a Bariloche.
Continuando, parece que en el día 28 a las mujeres se les abre una compuerta que libera un torrente de hormonas que la convierten en una hinchapelotas insoportable, gritona, contestataria y llorona, un poco más que lo usual.
Estuve haciendo un rato de investigación online y 12 minutos me alcanzaron para convertirme en un experto en la materia. Esto es lo que ocurre: desde la época en la que todos éramos monos que haciamos popó desde arriba de los árboles a quienes estaban abajo, el día 28 significaba que la mona no había quedado embarazada
El razonamiento de estos primates primitivos era así:
--> Mona no embarazada
--> No monito por 9 meses
--> Mono no tiene que estar todo el día buscando bananas para monito
-->
Mono puede seguir yendo a jugar al fulbo con cocos y a tomar frutos fermentados con monos amigotes
--> Mono Feliz
-->
Mona Triste.
Mono feliz equivale a mona triste. Hay quien dice que esto de mono feliz mona triste sigue existiendo hasta el día de hoy y yo no soy quien para refutarlo porque yo siempre respeto las opiniones de los demás cuando concuerdan con las mías.
El punto es que, si estamos rodeados de, digamos, 10 mujeres, lo que es normal en un ámbito laboral, las probabilidades de que siempre haya alguna que esté pasando por el período de rompedero ininterrumpido de pelotas y malcogidez del día 28 es casi del 100%. O sea que nunca habrá un día normal a menos que sean todas reemplazadas por robots, lo cual también sería subóptimo porque a un robot es aburrido mirarle el culo y salvo algunos modelos japoneses ninguno tiene tetas.
Y nosotros, los pobres compañeros de trabajo que solo molestamos a la gente por placer, y que solo queremos que sea viernes a las 5 de la tarde que es el único momento de la semana en el que somos felices, tenemos que soportar semejantes maltratos. Una injusticia. Detesto las injusticias.
No quiero ni mencionar mis épocas en las que tenía a esta perra insoportable de jefa porque la impresión de esos días hace que las lágrimas de furia caigan sobre el teclado. Esos días esta tipa era tan insoportable que prácticamente no podía concentrarme en el solitario y terminaba chateando en el canal lésbico ofreciendo sandwichitos. Ella me obligaba a llegar a eso!!!
En definitiva, y en respuesta a semejante injusticia e ingratitud con quienes somos en definitiva el sexo que realmente tiene que hacer el trabajo (y si no, que aparezca una araña peluda a lado del inodoro a las tres de la mañana, a ver quien la mata), propongo que los hombres instauremos nuestro propio día 28.
Como una manera de mostrarles a estas tipas lo que se merecen, para que la próxima vez controlen su hormona y si tienen ganas de romper las pelotas que se las rompan entre ellas, propongo que los días universales masculinos en todo el mundo de malcogidez, mala onda y rompepelotudez sean los 29 y 30 de cada mes, pasando a 27 y 28 los febreros excepto los años bisiesto.
Para ponernos en el humor correcto para estar a tono con el día 28 masculino, solo tendríamos que recurrir a alguna técnica como recordar al ratón Ayala errando el penal en Alemania, la última jugada del mundial de básquet, el corralito financiero del 2001 o mejor aún: la última vez que estabamos jugando al Play Station y una bruja gritona del orto empezó con su tipica "vení a comer!" "vení que vamos a charlar que nunca estamos juntos", "andá a sacar la basura", "vení que viene mi mamá a cenar y queda feo que otra vez no la saludes" y todas esas semejantes sartas de pelotudeces que tan bien conocemos y que a las mujeres les salen de la boca como hormigas de un agujero.
Después de recordar estos momentos, estaremos preparados para afrontar con éxito el día 28 masculino.
Un ejemplo que yo ya vengo poniendo en práctica desde hace mucho es el siguiente:
Estúpida Eventual: “Hola Armando Esteban, ¿que tal tu fin de semana?” (y saludo con beso en la mejilla)
Armando Esteban: “Seguro que mejor que el tuyo perra frígida!. Además, largá los postres, hija de puta, parecés una vaca........ gorrrrrrda!”
Y después una corte de mangas o mejor aún, una agarrada de bolas en la cara de la tarada para que entienda que esto va en serio. Además, siempre es divertido agarrarse las bolas delante de la gente.
Lo mejor del día 28 masculino sería cuando termina. Después de decirles que son putas frígidas, que se hagan coger por una ballena azul, que se vayan a lavar la vagina con cepillo de alambre y demás frases sumamente académicas, apareceríamos al día siguiente como si nada, y las saludaríamos con nuestra mejor sonrisa Beldent. Aquí no ha pasado nada!. Seguro las desconcertaría un poco, sí, y eso sería el broche final de hacerles sentir lo que ellas nos hacen sentir a nosotros.